Dictadura es una palabra que se utiliza con labios prostituidos
El historiador cubano Elier Ramírez visitó Lima para moderar una mesa en una serie de conferencias de LASA (Asociación de Estudios Latinoamericanos). Como especialista en relaciones internacionales, especialmente entre Estados Unidos y Cuba, opina que Venezuela sufre una guerra moderna tanto o más cruenta que la que enfrentó Cuba en los primeros años de su Revolución.
Desde los gobiernos de Ford y Carter, en los años 70, no ha habido hasta Barack Obama un intento de normalización de las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba. En su libro “De la confrontación a los intentos de ‘normalización’” (Editorial de Ciencias Sociales, 2014), elaborado a dos manos con Esteban Morales, el historiador cubano Elier Ramírez Cañedo asegura que estos intentos estuvieron condicionados, pues Washington deseaba que Cuba cambiara su política hacia otros países. Y fue justamente esta una de las razones para que ello no prosperara.
“Se dice que con Clinton hubo un avance, pero de acuerdo a los documentos, lo que hubo fue altas y bajas en las relaciones, pero nunca se planteó la idea de avanzar, no hubo nada concreto”, afirma.
— ¿Por qué tuvo que pasar tanto tiempo?
—Hay muchas variables. Sin embargo, Obama y sus asesores no fueron innovadores; con Kennedy, Jhonson, y otros, se planteó siempre la normalización pero vista desde la dominación. Hay otras variables, como el contexto interno en los Estados Unidos, favorable al mejoramiento de las relaciones con Cuba, incluyendo la opinión de los cubano-estadounidenses; también los planteamientos de los tanques pensantes. La variable interna cubana también tuvo que ver. Hay una serie de cambios, sobre todo desde 2008, que se dan en Cuba. Por ejemplo, el proceso de actualización del modelo económico social en Cuba, una apertura al sector privado, siempre sobre la base de buscar un socialismo propio y sustentable; transformaciones económicas que tienen su impacto, y que ayudaron a recuperarnos de la crisis de tres huracanes y un endeudamiento de la Isla. La otra variable fue América Latina. Estados Unidos se estaba aislando más con su política a Cuba.
—También el papel de Cuba en el mundo.
—En los últimos años, Cuba ha cosechado los mayores éxitos en política internacional de la Revolución. Por ejemplo, el papel de lucha contra el ébola, reconocido por el propio Obama. Mientras Estados Unidos tenía más escándalos en esa etapa, después de la revelación de los wikileaks, Cuba cada vez brillaba más en el escenario internacional. Además que en Naciones Unidas tenía la mayor victoria diplomática, cada vez que se presentaba la resolución del desbloqueo.
—En la práctica, ¿qué cambió con la apertura de las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos?
—Hay un mejoramiento en las relaciones en el plano retórico y en el plano diplomático. Hay un encargado de Negocios que cumple las funciones de embajador; para que haya un embajador, debe aprobarlo el Congreso. Ha habido mejorías en intercambios académicos, culturales, deportivos; se han logrado muchos acuerdos entre ambos países, mejorando el entendimiento en varias áreas. Por ejemplo, Cuba es una garantía para los auténticos intereses para la lucha contra el terrorismo, el narcotráfico, el tema migratorio… que son temas que le generan a Estados Unidos conflictos con otros países.
— ¿Por qué el modelo venezolano no ha dado resultado como el modelo cubano?
—Es relativo. Venezuela está en una etapa de guerra total, un periodo muy parecido o similar que enfrentó Cuba. Claro, hay que ver los contextos históricos. Cuba llegó por la vía de la revolución armada, contó con el apoyo del campo socialista de aquel entonces y pudo hacer un proceso de radicalización más rápido; pero la revolución venezolana entró por la vía de la democracia representativa burguesa. Por eso tiene una oposición con un control económico y medios de comunicación muy fuertes.
— ¿Qué espera Cuba de esta apertura diplomática?
—Encaramos este enfoque de la política estadounidense con mucho realismo y sabiduría, viendo las oportunidades que se abren con el nuevo momento, y ese escenario es preferible, a pesar de que se conoce que hay conciencia de que los Estados Unidos no han desistido del carácter hegemónico de su política hacia Cuba. Es un ajuste táctico profundo, pero no ha habido un cambio en los objetivos estratégicos. Estados Unidos tiene un propósito, Cuba tiene otro, pero en ese camino ambos pueblos interactúan y se benefician, algo que la anterior política no permitía.
— ¿Continúa el bloqueo económico tal cual?
—El bloqueo, en gran medida, sigue funcionando. Las claves fundamentales del bloqueo siguen tal cual. Quizá uno de los grandes impactos del mensaje de Obama del 17 de diciembre de 2014 sobre la apertura diplomática fueron los efectos secundarios en otros actores internacionales, que empezaron a desbocarse en explorar las oportunidades de negocio en Cuba, sobre todo la Unión Europea y otros países.
— ¿Cuba puede hacer negocios con Estados Unidos?
—Obama abrió ligeramente la puerta en determinados campos, pero no fue a los terrenos más importantes. Estados Unidos no puede invertir en Cuba, salvo en el campo de las telecomunicaciones, con un objetivo político. Tiene una motivación política, dirigida hacia el sector privado en Cuba. Buscan incidir en el escenario interno cubano en función de los intereses históricos de los Estados Unidos. Obama anunció que Cuba iba a poder hacer uso del dólar en las transacciones financieras, en marzo de 2016, cuando visitó Cuba, pero eso nunca se implementó. Los ciudadanos y empresas estadounidenses pueden abrir una cuenta bancaria en Cuba, pero Cuba no puede hacerlo en los Estados Unidos. Los ciudadanos que visitan Cuba puedan llevar tabaco y ron hacia los Estados Unidos, pero las empresas cubanas no pueden exportar hacia los Estados Unidos sus principales industrias.
— ¿Qué papel juega Donald Trump en este aspecto?
—No ha habido nuevos anuncios, pero tampoco ha habido retrocesos. Las amenazas de Donald Trump son pura retórica, buscan generar presión sobre Cuba para que en un escenario de negociación tratar de lograr determinadas concesiones de Cuba. Se aspira a tratar de destruir los procesos de integración que están fuera de la lógica de Washington, como CELAC, Mercosur, Unasur…
— ¿Qué países aliados le quedan a Cuba, después de perder a Argentina y Brasil?
—Cuba tiene relaciones diplomáticas con prácticamente todos los países del mundo, y en cuanto a países que apoyan a Cuba en el desafío a la hegemonía estadounidense, está Rusia y China, además de los países del ALBA.
— ¿Cómo está el tema Guantánamo?
—En un estadio de congelamiento. Si un día ocurre un levantamiento del bloqueo tampoco podemos decir que las relaciones con Cuba son normales mientras exista esa base ilegal que viola la soberanía territorial de Cuba. Tenemos el bloqueo como un puñal clavado en la garganta, pero tenemos otro puñal en las costillas, la base de Guantánamo.
—Estados Unidos siempre ha financiado a la oposición en los países que no le han sido amigables, como en Argentina, Brasil, Venezuela, Siria… ¿Cuál es el modelo cubano del éxito?
—Hay varios factores, pero si tuviera que decir uno, el mayor factor se llama Fidel Castro. Es verdad que la historia no la hacen solo los hombres, la hacen los pueblos, pero el papel de la personalidad es clave. Ningún pueblo ha sufrido un abanico tan amplio de agresiones de Estados Unidos como el pueblo cubano, pero Fidel supo día a día, con el apoyo del pueblo, con la estrategia, con un acompañamiento importante de otros líderes, obtener éxito tras éxito.
“‘Dictadura’ es una palabra que se utiliza con labios prostituidos”
— ¿Y eso fue a través de medios de comunicación…?
—A través de la comunicación y a través del propio Fidel, que fue un gran comunicador y un educador político. Fidel hizo una comunicación directa con el pueblo, recorriendo todo el territorio de Cuba. Otra clave ha sido un cambio cultural, crear un nuevo sujeto político en el país que acompañe ese proceso. Ahí está la clave del éxito cubano, y el hecho que también Fidel en el plano internacional mostró que era un estadista, el manejo que hizo en el momento más tenso, el periodo de la crisis de los misiles. Como dijo el Che Guevara, creo que en una carta de despedida, nunca había visto a Fidel brillar tanto como en aquellos días luminosos y tristes.
—Hay un avance en medicina grandioso. Tienen incluso la cura del pie diabético.
—Sí, el Heberprot, un medicamento creado en Cuba.
—Y el 80% de niños con leucemia se recuperan en Cuba.
—Sí. Fue un logro. Los primeros años de la revolución los médicos se fueron. Cuba respondió con hechos, desafiando siempre los límites de lo posible, una y otra vez.
—¿Conoció a Fidel?
—Tuve la oportunidad de conocerlo en 2005, unos días después del histórico discurso del 17 de diciembre de 2005, en el aula magna de la Universidad de La Habana. Yo era el presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios de esa universidad, y días después hicieron una mesa redonda, y al final de la mesa me presentaron al Comandante y comenzamos a hablar de las tareas en que estaba la Revolución en ese momento, el tema de revolución energética, y del apoyo que se necesitaba. Fidel no solo era el líder de la generación histórica del centenario, sino que era el líder de muchas generaciones de cubanos, y era una emoción gigante estar siendo convocados por el mismo Fidel.
—Por otro lado, usted vino participando en LASA, una reunión de académicos en Lima. Hubo problemas por un pronunciamiento de algunos de sus directivos contra Venezuela. Ustedes respondieron que LASA no es la OEA. ¿Cómo va el tema?
—Algunos de esa directiva general hicieron una declaración que de alguna manera tomaba partido por la oposición venezolana y se hizo una invitación a Luis Almagro, secretario general de la OEA, lo cual dio una imagen de parcialización y eso fue lo que rechazamos una buena parte de los académicos cubanos con nuestro pronunciamiento “LASA no es la OEA”.
— ¿Qué dicen en ese pronunciamiento?
—Nuestro desacuerdo con el pronunciamiento contra Venezuela. Que la Asamblea Nacional de Venezuela entró en desacato y lo único que ha buscado es conspirar contra el Gobierno de Maduro. Bueno, Almagro nunca apareció en LASA. Por otro lado, se le está haciendo una guerra a Venezuela tan cruenta como la que enfrentó Cuba en los años 60, por los recursos económicos naturales del país, el lugar geográfico que ocupa, el papel internacional que ha cumplido en los últimos años. La vuelta del imperialismo está sentada en la base de derogar lo antes posible el proceso de integración de América Latina en la idea del efecto dominó: que vayan cayendo los gobiernos progresistas de América Latina y Cuba se quede aislada. Esa es la estrategia.
—En esta lucha intervienen mucho los medios de comunicación.
—Los medios de comunicación son un partido político, y muy poderoso.
—Porque mucha gente que no se interesa en política odia al Gobierno de Venezuela y ni siquiera sabe por qué.
—Se quedan en esa epidermis y no se profundiza en las causas de por qué esa guerra mediática contra Cuba y Venezuela.
— ¿La palabra dictadura les afecta?
—Ah, no, porque sabemos que la palabra dictadura se utiliza con labios prostituidos. Lo que rige hoy en el mundo es una dictadura. Todo el que se aparte de esa lógica de dominación de esa dictadura a nivel internacional es castigado brutalmente. Porque hay que verlo así a nivel global, con los centros del capitalismo mundial, con Estados Unidos como el poder dominante, pero en función de que nadie se aparte de esa lógica, y que los países que son periferia no pueden aspirar a ser más que periferia. Incluso países como Brasil o Argentina si adoptan procesos reformadores aunque no se apartan totalmente del capitalismo, son castigados también. En Naciones Unidas el mundo entero vota contra el bloqueo económico a Cuba, pero Estados Unidos no hace nada contra el bloqueo. Eso es dictadura.
— ¿Estados Unidos ejerce una dictadura mundial?
—Exactamente y cada vez más.
—Una especie de dictadura bipartita.
—Justamente. No hay opción de salirse de la dominación de esos dos partidos, pero que son verdaderamente un solo partido. El poder real busca distintos programas, distintos proyectos, distintas caras. Los países que están en contracorriente son los que están luchado contra esa dictadura; eso viene incluso desde Bolívar. Un estudio sobre el papel de Estados Unidos frente a la primera independencia de América Latina y el Caribe, de 1790 a 1830, revela todas las campañas mediáticas de satanización que hizo Estados Unidos contra Bolívar. Hay que estudiar el papel que jugó el representante diplomático en el Perú William Tudor y Harrison en lo que era la Gran Colombia y Poinsett en México, una red de espionaje antibolivariana.
— ¿Cómo así?
— Constantemente había campañas mediáticas para lograr frustrar las aspiraciones de Bolívar, como la abolición de esclavitud, integrar a Hispanoamérica, lanzar una expedición para independizar a Cuba y Puerto Rico. Ellos consideraban a Bolívar como el mayor desafío. Le llamaban incluso el Loco de Colombia, el dictador, el usurpador… calificativos que usaron contra Fidel durante muchos años y que usaron contra Chávez y ahora contra Maduro. Esa es una historia que se remonta desde el siglo XIX. Por eso a Maduro lo atacan tanto.
—¿Pasarán doscientos años más y seguiremos en esta lucha?
—Ojalá que hubiera un destino más decente para la humanidad. Y que el proceso de integración de los pueblos de América Latina pudiera avanzar en estos años. O nos unimos o morimos o nunca vamos a ser independientes o la independencia va a ser por unos años. Como decía Bolívar, los Estados Unidos parecen destinados por la providencia a plagar de miseria el mundo en nombre de la libertad.