Opinión • 18/06/2020

En la mira la política de Trudeau de ‘colonialismo interior e imperialismo en el extranjero’ respecto del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas

Las elecciones por los dos escaños en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para los Estados de Europa occidental y otros Estados tendrán lugar el 17 de junio. Canadá se enfrenta a Noruega e Irlanda. Sin embargo, entablar una discusión abierta, democrática y crítica del legado colonial de Canadá y del trato que reciben los pueblos de las Primeras Naciones, y de la política extranjera de Ottawa alineada a Trump y, ha sido prácticamente imposible, como quien trata de aflojar la tapa de una conserva de encurtidos con las manos empapadas en desinfectante.

En el último período preelectoral y electoral de Canadá en el otoño de 2019, Trudeau tuvo que lidiar con algunos desafíos procedentes de las clases populares. De manera tristemente burlona e insultante, eludió las manifestaciones de los denunciantes indígenas que padecían de envenenamiento por mercurio. Evitó a los activistas por la paz que lo interrogaban y se tornó hacia la ministra de Relaciones Exteriores, Chrystia Freeland, que maneja raseros dobles. A título de ejemplo, se sabe que Ottawa, por un lado, reconoce la elección fraudulenta de Bolsonaro en Brasil (independientemente de que el poder judicial haya encarcelado al líder Lula da Silva por cargos espurios), mientras que, por el otro, se niega a reconocer al presidente venezolano electo constitucionalmente, Nicolás Maduro. Trudeau y su gabinete también enfrentaron protestas de activistas que se oponen a la venta de armas de Canadá al notorio violador de derechos humanos Arabia Saudita y el apoyo incondicional de Ottawa a Israel a expensas de Palestina. Si bien los medios corporativos no tuvieron más remedio que mostrar las manifestaciones de los pueblos autóctonos, puesto que aparecieron en vivo en la televisión, pronto volvieron al curso normal de las actividades, manteniendo dócilmente fuera del escrutinio público todas estas cuestiones de importancia vital.

A pesar de ello, a partir del 19 de mayo de 2020, este apagón mediático se vio obligado a cambiar de curso en cierta medida. En ese día salió la publicación del diario Toronto Star de una carta firmada por más de 100 personalidades canadienses, quebequesas y autóctonas. El documento sacaba a relucir toda la gama de problemas asociados a la intrusión forzada del gobierno de Trudeau en territorio autóctono para forzar la instalación de gasoductos y oleoductos, además la orientación de su política exterior respecto de Venezuela, Haití, Bolivia y otros países de la región de América Latina y el Caribe, su membresía en la OTAN a favor de la guerra, sus ambiciones hacia África, su desprecio absoluto por los derechos palestinos y mucho más.

Además, el 19 de mayo, cuando se publicó la petición en el Toronto Star, se le preguntó a Trudeau durante su ronda de prensa cotidiana sobre el COVID-19 acerca de la aparente existencia de una opinión pública dividida en torno a su candidatura a un mandato en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. En vez de abordar el tema, rechazó las preguntas con arrogancia, como si no existieran, diciendo que en su parecer no hay división alguna y luego apuntando hacia a Maduro para obviar la pregunta.

Sin embargo, en ese rechazo tajante fue desmesurado. En el contexto de la política interior y extranjera de Trudeau, la candidatura de Canadá para ocupar un escaño en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas no solo permaneció bajo escrutinio a partir de ese día, sino que las dudas en realidad aumentan y toman volumen a medida en que transcurren las semanas.

Por ejemplo, la organización canadiense Just Peace Advocates publicó una carta abierta bien documentada sobre Palestina, que fue enviada a los 193 embajadores de Naciones Unidas y firmada por 100 organizaciones y docenas de personalidades. Esto impactó de inmediato la escena política canadiense en la medida en que el embajador de Canadá ante Naciones Unidas, Marc-André Blanchard, se vio obligado a escribir una respuesta a todos los embajadores de la ONU, defendiendo la política unilateral de Canadá en Israel. Este movimiento manifiestamente desesperado no pasó desapercibido, incluso en los principales medios de comunicación, lo cual generó más dudas sobre la credibilidad de la candidatura de Canadá para obtener un mandato en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Los medios de información corporativos nacionales e internacionales están cubriendo cada vez más el debate en Canadá. Las cuestiones respecto de los derechos de las Primeras Naciones, de Venezuela, de Palestina y de la OTAN figuran entre los ejemplos más citados de las contradicciones demostradas por las crecientes fuerzas nacionales e internacionales de la candidatura # NoUNSC4Canada y del gobierno de Trudeau.

El viaje de último minuto del Ministro de Relaciones Exteriores de Canadá, Champagne, a la ONU en Nueva York, solo unos días antes de la votación, es quizás el indicio más claro de que la política de “colonialismo interior e imperialismo en el extranjero” de Canadá está cada vez más bajo el escrutinio nacional e internacional.

Súmese a esto el crescendo de las llamadas telefónicas de última hora de Trudeau y de Champagne. Han llamado a docenas de líderes mundiales, aparentemente para hablar sobre “la lucha contra la COVID-19”. No empero, un examen cuidadoso de los tweets indica que, en realidad, Canadá está buscando cínicamente cuanto más voto adicional pueda para apoyar su candidatura ante Naciones Unidas, utilizando como pretexto su presunta preocupación por la COVID-19 como pretexto.

En cambio, no vemos a Noruega o Irlanda actuando de manera sicofanta similar. Esta diferencia flagrante debiera de por sí convencer a todo país para que rechace firmemente a Canadá y votar por Noruega e Irlanda, naciones mucho más civilizadas.

Hasta ahora, el énfasis en este artículo se ha puesto en el debate abierto en los medios de información corporativos nacionales e internacionales. Sin embargo, no se debe subestimar la labor que se está realizando a nivel popular por miles de personas y organizaciones en Canadá, con el apoyo de la comunidad internacional progresista. Por lo tanto, se destaca el trabajo de un activista popular. El revolucionario artista Roger Waters, de la fama de Pink Floyd, tuiteó lo siguiente el 13 de junio:

“Una nota a los excelentísimos Miembros de la Asamblea General de Naciones Unidas:

Un irlandés, un noruego y un canadiense van a una fiesta para jugar a las sillas musicales.

En la fiesta, hay dos sillas vacantes en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Cuando la música se detenga, asegurémonos de que el irlandés y el noruego estén sentados en la mesa a la que pertenecen. Y que el chico canadiense se quede como flor de alhelí, adornando el muro, hasta que no aprenda cuáles son los derechos humanos …”

En YouTube hay un video de un minuto creado por el artista y activista palestino de 25 años @ Lin244 que Waters publicó. Este recibió más de 20,000 visitas en las primeras 24 horas. Aborda el colonialismo de Canadá dentro del país contra los pueblos de las Primeras Naciones, así como su imperialismo en el extranjero con el ejemplo de su apoyo a Israel y EE. UU. en su intento de negar los derechos humanos palestinos.

Video: https://youtu.be/EbLOOsDp3Jw

Tomemos en cuenta que estamos en contra del Canadá imperial, con los enormes fondos que ha gastado para apoyar su candidatura ante Naciones Unidas, con sus fuertes conexiones internacionales tanto en la Commonwealth británica como en la Francofonía, además de la OTAN y otros clubes internacionales exclusivos. Tampoco debemos parar por alto el apoyo por parte de los Estados Unidos en aras del poder, ya que sin duda Washington prefiere contar con un aliado tan fiel como Trudeau. El primer ministro canadiense ha hecho todo lo posible para demostrar su simpatía hacia Trump en todos los asuntos internacionales desde que fue elegido por primera vez en 2015. Sin embargo, su deferencia respecto de Trump, incluso en los temas más obvios, tales como la gestión del racismo por parte de Trump y su infame silencio que duró 20 segundos cuando se le pidió que se pronunciara acerca Trump, ha dejado a muchos preguntándose si en Canadá tenemos una política exterior independiente. No cabe duda de que seguir servilmente a Trump, especialmente en el Consejo de Seguridad, no servirá a los mejores intereses de los canadienses.


Arnold August /  Opinión /