El Gobierno de coalición ha abandonado a la clase trabajadora
A primeros de Enero, el Secretario de Estado de Empleo, Joaquín Pérez Rey, declaró que en 2024 se habían creado 468.100 nuevos puestos de trabajo y éstos eran, mayoritariamente, de calidad. Me acordé entonces de una conversación sostenida días atrás con un viejo amigo, en la que me contaba las condiciones en las que un hijo suyo de 28 años trabajaba en un establecimiento comercial: percibe 1200 euros mensuales echando 2 horas extra diarias(que no cobra) y libra tan sólo un día a la semana. Me aseguró que fue la mejor oferta que el muchacho había encontrado.
Sorprendido, acudo al desglose estadístico de aquel empleo generado para comprobar si lo que me cuentan es una situación excepcional, o no. Y veo que el 38% de los contratos lo son a tiempo parcial y casi el 50% se concentra en la hostelería y la logística. Que como todo el mundo sabe, se trata de sectores donde se paga bien a un personal mayoritariamente inmigrante.
Pareciera, pues, que la política económica desplegada por el gobierno más a la izquierda en este país desde la Segunda República ha estado dirigida, en los últimos años, a favorecer el desmoronamiento de los salarios a la par que la eclosión desmesurada de los beneficios empresariales. Entre 2020 y 2024, los salarios reales, descontada la inflación, han caído un 8%. Este porcentaje se eleva considerablemente si las retribuciones del trabajo se relacionan con las subidas de los alimentos y la vivienda. Por el contrario, los bancos y las grandes empresas están consiguiendo márgenes sin precedentes desde que hay registros, lo que evidencia que todo el crecimiento de la economía del que tanto presume el gobierno se queda íntegro en los bolsillos de los que más tienen. Tengo dudas de que eso sea progresista. Como las tengo respecto del hecho de aplicar el IRPF al salario mínimo, gravando así a los trabajadores más vulnerables mientras se bajan impuestos a los rentistas o a las energéticas. Y es que el capital está muy contento con este gobierno: gana más que nunca-por las políticas de precios y salarios- y paga los mismos bajos impuestos de siempre, inferiores a los de la gran mayoría de la población.
La fiscalidad regresiva, unida a la vuelta de las políticas de recortes(salvo para el armamento) con el fin de bajar el déficit, están mermando esa otra parte del salario constituido por los servicios públicos y las prestaciones sociales. Efectivamente, la sanidad languidece con un 20% menos de gasto sanitario por habitante que la media de la UE; el gasto público en vivienda es 4 veces inferior al de Europa; la pobreza infantil incluso ha subido ligeramente en este pasado año de euforia económica; y, en fin, en dependencia acaba de salir una reforma de la ley que amplía servicios, aunque-como denuncian los directores de servicios sociales-será papel mojado al carecer de presupuesto extra.
Definitivamente, quienes viven de un salario no tienen demasiados motivos para sentirse representados por este gobierno. Y eso que cuando se aprobó en 2022 la nueva reforma laboral, gracias al despistado voto del camarada popular Alberto Casero, parecía abrirse un horizonte de dignidad para el mundo del trabajo a través de la superación de los fuertes desequilibrios, en términos de renta y poder, que hay en las empresas. Pero no ha sido así. Aquella norma ha naufragado golpeada por la proliferación del trabajo a tiempo parcial, que ha ocasionado que la cantidad de demandantes de empleo no se haya reducido. También por la sustitución del contrato indefinido tradicional por un falso indefinido: 6 de cada diez contratos de este tipo tienen una vigencia inferior a un año. Y, en fin, no se ha potenciado la Inspección de Trabajo para hacer cumplir la normativa laboral ni se ha dignificado, desoyendo al Consejo de Europa, la indemnización por despido improcedente. Estas dos últimas cuestiones han debilitado la capacidad negociadora de la gente trabajadora para defender sus derechos.
Dos significativas señales más en relación a lo poco que le importan a este gobierno las clases trabajadoras y las políticas de conciliación: a pesar de que hay una directiva comunitaria de obligado cumplimiento en relación a la retribución de los permisos parentales, no se atisba la más mínima intención de implementar esta medida; y, en fin, lo de los 200 euros por hijo menor de 18 años ni está ni se le espera. Y eso que Sumar ha rebajado el límite de edad para percibir la prestación hasta los 6 años, desnaturalizándola por completo en un país donde la pobreza infantil hasta los 16 años ha crecido en 2024. Para rematar la faena, Sánchez nos anuncia que el gasto militar se disparará en 4000 millones más al año, y ya se sabe: si gastamos en cañones, no hay para mantequilla.
Bernie Sanders, el prestigioso político socialista adscrito al Partido Demócrata estadounidense, dijo en relación al triunfo de Trump que éste se había producido ‘porque el Partido Demócrata ha abandonado a la clase trabajadora y se ha encontrado con que la clase trabajadora los ha abandonado ellos’. Mucho me temo que esto es lo que está pasando aquí, donde la izquierda integrada en la coalición de gobierno parece haber hecho de la presencia en el ejecutivo un fin en sí mismo para que no gobierne la derecha, olvidando que lo que lleva a ésta al poder, como ha pasado en EEUU, es que la izquierda se desentienda de la suerte de quienes viven de vender su fuerza de trabajo.
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