Ilka Oliva Corado

Escribir

Escribir, escribir, escribir, escribir.
Escribir si llueve, si hace sol, si está nublado, con luz de candil, en el bullicio, en el silencio, en la madrugada, a medio día, en el baño, en el autobús, en la calle, en el encierro del desarraigo. 
 
Escribir en la ebriedad, en la sobriedad, en la agonía, en el llanto, en la pérdida, en el abandono. En la enajenación. En la abundancia. En la adicción. A pesar de las circunstancias, escribir. 
 

Los parias en la soledad del olvido

No llegan a ser ni los últimos de la fila, son los del subsuelo, los de la alcantarilla, los de las zanjas a piocha y a chuzo, los que cargan en sus hombros el agravio y la insolencia de una sociedad indolente y de doble moral que los deshonra.
 
Los explotados a todas horas, todos los días, en cualquier lugar.
 
Los del lomo curtido y las manos agrietadas, los del alma herida, milenariamente. Los de la mirada transparente y pecho acribillado.
 

Poesía pura

Las imágenes de guatemaltecos  manifestando frente al Congreso de la República el viernes por la noche y exigiendo la renuncia de los diputados traidores, se deslizaban por los aires como versos de un poema de amor en velada de luna.  Aquello fue un  abstracto de una Guatemala  de ensueño, lejana, irreal, inalcanzable que entre la podredumbre lucha por reverdecer. Tan hermosos los versos de aquel poema  que fue  como ver la tapisca  del maicillo  en cerro árido a finales de octubre. 
 

La patria es ahora

Cuando ganó las elecciones Otto Pérez Molina, pensé que Guatemala había tocado fondo, una sociedad que fue incapaz de enjuiciarlo por los crímenes de lesa humanidad lo estaba llevando a la presidencia, aquello fue una puñalada por la espalda a los familiares de las víctimas y una falta a la Memoria Histórica y a la dignidad, de por sí.
 

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