Libardo García Gallego

Puntos programáticos de un candidato de izquierda al congreso colombiano

Sin preámbulos ni justificación previa, sabedores de cómo se piensa el país desde la izquierda, ahí van estas ideas:

1. El punto fundamental es la defensa de lo acordado entre el Gobierno y las FARC, después de seis años de negociaciones y de habérsele introducido algunas modificaciones solicitadas por los ganadores del NO en el 2015. Es decir, la tarea central es la pronta implementación de los Acuerdos.

Otros puntos programáticos de un candidato de izquierda al congreso colombiano

Suele exigirse un diagnóstico específico de la situación concreta acerca de un asunto objeto de estudio en un espacio determinado como requisito indispensable para poder aplicar los correctivos adecuados en ese momento. Así es el funcionalismo, el mismo que no llega a analizar las causas últimas de los problemas sino que se limita, como la medicina alopática, a tratar de sanar pero no a curar los males desde su raíz.

A probar nuestra cultura electoral

En la Constitución colombiana han sido consagrados todos los derechos humanos y hasta los politicastros se precian de una democracia participativa en un Estado social de derecho. Pero “Del dicho al hecho hay mucho trecho”. Cuando hay tantas necesidades básicas insatisfechas, tantos promeseros incumplidos, tanta influencia religiosa en medio de tanta ignorancia acumulada, las prácticas tradicionales antidemocráticas permanecen intactas.

A probar nuestra cultura electoral

En la Constitución colombiana han sido consagrados todos los derechos humanos y hasta los politicastros se precian de una democracia participativa en un Estado social de derecho. Pero “Del dicho al hecho hay mucho trecho”. Cuando hay tantas necesidades básicas insatisfechas, tantos promeseros incumplidos, tanta influencia religiosa en medio de tanta ignorancia acumulada, las prácticas tradicionales antidemocráticas permanecen intactas.

Colombia esclavizada, ignorante y masoquista

Con razón, al pie del cadalso, la heroína Policarpa increpaba a los santafereños: “!Pueblo indolente, Cuán diversa sería vuestra suerte si conocieseis el precio de la libertad!”, palabras vigentes hoy para todos los colombianos cuando, después de dos siglos de independencia, la mayoría del pueblo vive en la pobreza y la miseria, física y mentalmente, felices de ser gobernados por gamonales impositivos, gritones, pisoteadores de las más elementales normas de convivencia humana, corruptos, mentirosos, sometidos a la voluntad de las metrópolis y las multinacionales; felices de ser manejados p

El mejor contrato social hasta hoy

El próximo 10 de diciembre se cumplen 69 años de aprobación por parte de 48, entre ellos Colombia, de los 56 Estados que en ese entonces conformaban la ONU, de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de la cual el Premio Nobel de Literatura José Saramago en un ensayo titulado “En este mundo de la injusticia globalizada” afirmaba: “la Declaración Universal de los Derechos Humanos, tal y como está redactada, y sin necesidad de alterar siquiera una coma, podría sustituir con creces, en lo que respecta a la rectitud de principios y a la claridad de objetivos, a los programas

La corrupción invadió toda la sociedad

La dignidad, la honradez, la honestidad, la rectitud, la ética, han sido abolidas del comportamiento humano, quizás por excesiva ambición o por exagerada necesidad. En otros tiempos se podía confiar en el profesionalismo de los médicos, de los abogados, de los jueces, de los economistas, de los contadores, de los ingenieros, de los sacerdotes y pastores, de los educadores, en fin, de quienes nos prestaban diversos servicios. Actualmente los ponemos a todos en tela de juicio, dudamos de su comportamiento.

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