Cuentos chinos

25/05/2018

Vuelvo a esto de las críticas o de los artículos para denunciar o decir, pero me apuro porque no sé, la verdad es que a veces me pregunto si merece la pena o no escribir para decir lo que creo que no está bien, dentro de lo que cabe, desde mi perspectiva de lo que está bien o está mal, leo la prensa, navego por las redes sociales y hay tanta, yo diría demasiada, información, demasiada opinión sobre esto o aquello, descubro no sin sorpresa, que las noticias de actualidad, sobre todo las que convienen a los intereses tanto políticos como económicos son las que más comparten todos, y pienso: cortinas de humo, para desviar la opinión de los pobres inocentes aburridos que no saben cómo se mastica todo esto y se dedican, en un intento desesperado de intentar cambiar las cosas, en dar like o compartir hasta la exasperación la noticia, por ejemplo de la sentencia sobre ese tema tan mal traído y llevado sobre esos tipos definidos como “la manada”, el poder judicial en apuros, el poder judicial puesto en duda, el poder judicial tan corrupto como el político o el económico, la corrupción como pan nuestro de cada día, la justicia vituperada por esos adalides de la podredumbre en los poderes, la ética por los suelos, los valores destrozados, la vida al fin y al cabo manipulada, modelada por los que lanzan las consignas, para que nada cambie, para que todo siga igual.

Sí, es por rachas, ahora toca poner en tela de juicio, con razón o sin ella, el tema candente sobre esa sentencia, mientras se acallan las voces en contra de la corruptela del PP, o de otros partidos que todos, más bien, ninguno, o casi ninguno se salva de ella, y nos ensañamos con un tema en concreto, arden las redes sociales con comentarios y opiniones de ciento y una madre, llueven las palabras como lluvia que cae sobre el polvo del camino, como dice un poema árabe, “estoy escribiendo tu nombre, amor, sobre la corteza de un árbol, y tú, amor, estás escribiendo mi nombre en la arena del camino y mañana va a llover...”, sí así es, escribimos nuestras opiniones sobre la arena de las redes y mañana va a llover, porque nos pondrán en bandeja otra noticia, acorde a sus intereses, para que nos lancemos cual jauría de hienas a devorar los restos de este holocausto tan bien orquestado, holocausto no ya producido por un arma letal tipo Little Boy sino usando el arma más letal que es sumirnos en la ignorancia a base de saturarnos de información, nos atiborran de noticias, eso sí, escogiendo aquellas que más conviene dar cancha para que ardan las redes, detractores y seguidores se lanzan a una lucha en la que como monos amaestrados, al final, acabamos apartando la vista sobre temas mucho más importantes, mucho más transcendentes, y no quiero decir con ello que la sentencia sobre esa “manada”, no sea de vital importancia para la sociedad, quiero decir que ellos, los jueces, con la connivencia del poder político, mueven los hilos, barajan las cartas, para mantenernos atados, para hacernos creer que es posible cambiar las cosas, que es posible la justicia y la rebelión ante la injusticia, pero no, nos equivocamos, porque al final esos desalmados no serán condenados realmente por su crimen, y la chica violada se quedará violada, puesta en duda su actitud, y como dicen en mi tierra, crea la duda, separa y vencerás.

Es tiempo de aislamiento, nos han condenado individualmente a permanecer en nuestros cubículos conectados, eso sí, “conectados a la red”, pero nos han robado la calle, nos han robado la capacidad de reacción, la posibilidad de la rebelión, nos han atado sin cuerda ni cadenas a nuestros sillones en los que nos sentamos delante de nuestra pantalla de ordenador, conectados, eso sí, para poder decir, para poder dar nuestra opinión, para dejar caer nuestras palabras en ese agujero negro que es Internet por el que desaparecerán para siempre sin llegar a causar el efecto real, el efecto que debería tener la auténtica rebeldía, la auténtica movilización, quemar juzgados, ayuntamientos, palacios de congresos, juzgar, de verdad, con justicia, a los usurpadores, a los que ataron de pies y manos a la justicia, a los que nos vendan los ojos, a los que encienden los fuegos para crear cortinas de humo, pero no es tiempo de eso, es tiempo de incendios sin fuego, es tiempo de exceso de información, con las consecuencias que esto tiene sobre nosotros, ahora puede que estemos más informados, pero lo que es una realidad casi incuestionable es que a pesar de ello, hoy sabemos menos, somos más ignorantes que antes, hoy solo somos eso, millones de Nick, de alias en la red que como loros repetimos una y otra vez la cantinela, la frase creada para ser difundida, el dogma de estos tiempos Internet, las redes sociales como si fuéramos militantes de movimientos rebeldes que luchan para que las cosas cambien, cuando es más que una realidad, si es que la realidad puede ser más de lo que es, que nada cambia.

*“Ella tomó una decisión, abandonó su cubículo, desconectó, tiró su móvil, y salió a la calle para encontrarse con la gente para luchar, su sorpresa fue comprobar que en la calle no había nadie, no había ni rastro de un solo ser humano como si acabara de caer sobre la ciudad una bomba de nueva tecnología que hiciera desaparecer a todo ser viviente de la faz de la tierra.
Solo encontró edificios vacíos, calles vacías, y se preguntó: ¿dónde estarán los demás?”.

*Extracto de mi nueva novela “El holocausto orquestado”.

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de TerceraInformación