La Tienda Republicana

Memoria de la infamia

El 18 de agosto de 1936, las tropas del bando sublevado recientemente alzadas contra el gobierno legítimo de la II República Española, secuestraron y asesinaron a Federico García Lorca.

 

Coronel gobernador de Granada a H. G. Wells:

Ignoro lugar hállase D. Federico García Lorca.

Firmado: Coronel Espinosa

Se cumplen 83 años del asesinato del poeta, dramaturgo, músico, autor, dibujante y artista en general Federico García Lorca. Un aniversario que pone de especial relieve la ausencia total de voluntad por investigar los crímenes y la represión perpetrados tras un golpe de estado que conduciría a una guerra y a una posterior dictadura de 37 interminables años.

Lorca fue fusilado en algún lugar de la carretera entre Víznar y Alfacar la madrugada del 18 de agosto de 1936. Apenas un mes antes, las tropas sublevadas habían llegado a la capital granadina e iniciado la persecución y eliminación de todas las personas relacionadas con el régimen parlamentario y el gobierno del Frente Popular. Lorca, refugiado en casa del poeta Luis Rosales, contemplaba horrorizado la situación pero se pensaba a salvo, bajo el amparo de un autor influyente entre la derecha y que contaba con familiares afiliados a la Falange. Se equivocaba. El 16 de agosto un destacamento de la Guardia Civil afín al alzamiento militar se presentó en la casa de Rosales y secuestró a Lorca sin acusación mediante.

“Creer que un amigo, fascista o no, es un amigo, le costó la muerte. Porque fueron unos amigos, amigos que él contaba entre sus mejores, quienes en el último momento resultaron ser ante todo y sobre todo fascistas”, afirmaría, muchos años después, su amigo y colega Gabriel Celaya entrevistado por la hispanista francesa Marie Laffranque.

No quedan claros los motivos que impulsaron a los sublevados al asesinato de Lorca. Pudo ser su implicación en misiones pedagógicas de la República. O quizá el mero hecho de ser homosexual, crimen contra natura para el ultra reaccionario pensamiento de los alzados en armas.

Desde el primer momento de su desaparición el pánico cundió entre círculos intelectuales y de autores de todo el mundo. Lejos de esclarecer los hechos, las autoridades golpistas y, posteriormente, los responsables del régimen dictatorial del franquismo, mantuvieron siempre bajo secreto los hechos que rodearon su asesinato. Hasta el año 2015 siquiera salió a la luz un informe policial realizado en el máximo secreto en 1965, casi treinta años después del crimen, quizá para entender por si mismos lo que habían perpetrado aquella madrugada. El paradero de sus restos, como el de cientos de miles de represaliados, continúa sin saberse.

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