Narciso Isa Conde •  Opinión •  27/08/2019

Raíces y consecuencias de la corrupción como sistema

Raíces y consecuencias de la corrupción como sistema

Corrupción e impunidad son sistemas, mecanismos, estructuras, Constitución, leyes, cúpulas  partidistas, modalidades del negocio político-electoral, formas de montar empresas y sus relacionamientos con el Estado, maneras de pervertir el sufragio…

La corrupción que en países como la República dominicana  y muchos otros de la región latino-caribeña se despliega y reproduce en el contexto de la alianza o asociación delictiva  Estado-sector privado dominante, con expresiones gubernamentales, empresariales, militares-policiales (mixtas y abigarradas), es un mal con raíces estructurales;  lo que explica la existencia de regímenes y mecanismos de impunidad institucionalizado que la protegen y estimulan en el marco de un capitalismo local y transnacional cada vez más ganterizado.

Corrupción e impunidad son sistemas, mecanismos, estructuras, Constitución, leyes, cúpulas  partidistas, modalidades del negocio político-electoral, formas de montar empresas y sus relacionamientos con el Estado, maneras de pervertir el sufragio…

Sistemas que operan a nivel internacional y local.

La corrupción se importa y exporta, se expresa en el mercado interno y en mercados internacionales, incluido en grande el comercio ilícito (drogas, armas, bebidas…) y lavado de dinero sucio.

La corrupción arropa a las elites y las elites se arropan y engordan con ella, procurando a la vez su alto blindaje institucional. Ellas al tiempo que engordan, derraman algo a nivel medio a lo largo y ancho de la sociedad, ensuciando lo que tocan en la esfera política, económica y militar.

La corrupción como sistema expulsa y arrincona a los dirigentes y funcionarios civiles y militares honestos, y a veces los usa como adornos.

·         MÁS ALLÁ DE PERSONAS, GOBIERNOS Y GOBERNANTES…

Ella no es fundamentalmente un cargo, función o persona con poder; pero es eso también en fin de cuentas, y mucho más que eso al final de las cuentas.

No es simplemente un individuo sin entorno social y sin estructuras. No es solo tal o cual presidente, funcionario o empresario.

Es una institucionalidad, un sistema y una ética pervertida, que los modelos neoliberales y el capital gansterizados han potenciado en las últimas décadas. Y cuando el mal es sistémico, puede cambiar de rostros, estilos, formas de gobierno, pero no de esencia y ni de capacidad reproductiva.

 La más de las veces no concluye el mal porque ciertos jefes de Estado dejen de serlos, porque la partidocracia medularmente  infectada genera su propia  reproducción y expansión con nuevos protagonistas y beneficiarios.

Las excepciones generalmente se dan cuando nuevos gobernantes, dotados de fuertes fibras morales, se montan sobre otro caballo,  sobre otro sistema institucional, sobre una Constitución con significativa fuerza moral y peso democrático.

Así fue en el caso de Juan Bosch en los años 60 en nuestra República Dominicana y entonces  la oligarquía, EEUU y los militares corruptos le dieron un golpe de Estado. Y cuando el pueblo y los militares honestos decidieron en 1965  restablecer el gobierno constitucional, el Pentágono invadió nuestro país para impedirlo. De esa superpotencia siempre ha emanado lodo, sangre y pus.

·         EVOLUCIÓN NEFASTA.

Más de medio siglo después, la degradación institucional y la perversión del sistema de partidos es peor y por eso el hecho de que el corrompido presidente  Danilo Medida se haya visto obligado a desistir de su reelección, dado el carácter sistémico de la corrupción y del neoliberalismo imperante, el producto de las próximas elecciones no puede arrojar resultados esencialmente distintos.

Los partidos y candidatos preeminentes son de igual calaña y habrán de montarse en el mismo tren institucional.

Fenómenos parecidos se han dado en el pasado y situaciones similares han tenido lugar en otros países del área.

En fin de cuentas, malo sobre malo -aunque aparentemente no sea peor- da peor.

·         PROCESOS POLÍTICOS INTERVENIDOS POR EEUU.

 A esto se agrega  otro factor perturbador y degradante: la ya incontenible putrefacción institucional, el constante ejercicio de la política como negocio, la continúa degradación moral, corrupción y perversión de la partidocracia y la clase dominante,  le están facilitando a EEUU  profundizar el proceso de recolonización neoliberal y su cada vez más intensa intervención en todas las vertientes de la gestión estatal, incluido escenarios y procesos electorales.

  Las intervenciones y tutelas imperiales a nivel militar, policial, electoral, judicial, económica, política, empresarial e ideológica-cultural se ejercen a través del Comando Sur, CÍA, FBI, DEA, EMBAJADAS, DEPARTAMENTO DE ESTADO, CAMARAS MINERAS, CAMARA AMERICANA, FMI, BM…

Así las cosas, de “elecciones” que se montan en medio de situaciones como éstas, solo pueden esperarse trampas, conciliábulos, repartos, variaciones de correlación de fuerzas entre actores parecidos, repartos, reagrupamientos al interior del Estado y sus instituciones, reforzamiento de corrientes neofascistas, que podrían devenir –y ojala así sea- en pérdida de cohesión estatal  y pugnas hacia el debilitamiento de la gobernabilidad de las derechas.

 Y realidades como éstas exigen ir a las raíces de los males, procurando que la presión popular, el ejercicio de la democracia de calle, suba hasta hacer colapsar el sistema constituido enfrentado desde  una propuesta  de proceso constituyente, que forje poder democrático, soberano y transformador.


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