La Tienda Republicana

El Sáhara Occidental y el voto a Unidas Podemos (UP)

Unidas Podemos es el único partido que tiene entre sus objetivos programáticos defender y trabajar para que el pueblo del Sáhara Occidental ejerza su inalienable derecho a la autodeterminación (Contramutis).

Ese derecho está reconocido en la Resolución 1514 (1960) de la Asamblea General de Naciones Unidas, relativa a los países y pueblos coloniales, y en todas las resoluciones posteriores de la Asamblea y del Consejo de Seguridad relativas a la cuestión del Sáhara Occidental (El Sáhara Occidental. Prontuario Jurídico).

En los debates electorales celebrados hasta la fecha apenas se ha tratado -como siempre ocurre- la política exterior española, y en absoluto la cuestión del Sáhara Occidental.

El Sáhara Occidental fue la ‘Provincia 53’ de España; en realidad, colonia y (teóricamente) protectorado a la vez, hasta 1975, año en que los gobernantes del Estado español decidieron, contra natura, la entrega del territorio y su población a Marruecos y Mauritania.

Mauritania firmó después la paz con el Frente POLISARIO –representante legítimo, reconocido por Naciones Unidas-, renunció a cualquier pretensión futura sobre el Sáhara Occidental, reconoció a la RASD y se retiró de la parte sur del ex Sáhara Español acordada en el reparto con Marruecos tras la firma de los Acuerdos Tripartitos de Madrid.

Marruecos invadió también esa parte evacuada por Mauritania, ocupando con ello el 80 por ciento del territorio saharaui, después de haber levantado un Muro militar –infranqueable, armado y con millones de minas- de 2.720 Km que atraviesa y divide el Sáhara ocupado y a todo el pueblo saharaui, el ‘Muro de la Vergüenza’.

La ONU, desde un principio, calificó de ‘ocupación’ la invasión ilegal marroquí, pidió al rey de Marruecos que retirase a sus súbditos de la marcha invasora y dijo deplorar la extensión de la ocupación a la parte meridional anteriormente bajo ocupación mauritana.

Conforme al Derecho Internacional (El Sáhara Occidental. Prontuario Jurídico), España sigue siendo la Potencia Administradora, puesto que no se puede transferir un territorio colonial ni su población al margen de la ONU, como hizo el último Gobierno español de la Dictadura; y mucho menos pretender transferir una soberanía que España jamás ostentó. El Estado Español era meramente la potencia colonial, con sus derechos y obligaciones, teóricamente protectora de la población.

España incumplió entonces e incumple hoy esas obligaciones internacionales, al no proteger a la población saharaui de la permanente agresión marroquí (I. Cembrero). Incluso, recientemente, las autoridades españolas entregaron a Marruecos a un ciudadano saharaui (Husein Bachir Brahim) que llegó en patera a nuestras costas, negándole el derecho de asilo. Bachir lleva nueve meses encarcelado en Marruecos y su juicio ha sido aplazado siete veces con las excusas más peregrinas. Así, de esta manera, nuestros gobernantes siguen incumpliendo sus obligaciones para con el pueblo saharaui y la comunidad internacional.

De nada de esto se ha hablado en los debates electorales: ni es ‘prioritario’, ni se quiere molestar al rey de Marruecos y a su majzén, para evitar que nos siga chantajeando (a España y, en definitiva, a Europa) con pateras cargadas de inmigrantes irregulares, droga y terrorismo.

La reacción o respuesta a esos chantajes no debiera ser achantarse, amedrentarse, ceder y aceptar el chantaje como ‘mal menor’ (en el que nos veremos pillados una y otra vez) y pasar por el aro, claudicando así a las exigencias de los chantajistas y sus pretensiones irredentistas, rechazadas ya en 1975 por el Tribunal Internacional de Justicia de la Haya, por la Unión Africana y por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea en sendas sentencias de 2016 y 2018. (El Sáhara Occidental. Prontuario).

La tarea no es fácil, después de todo cuanto se ha dejado hacer al transgresor de la legalidad internacional. Pero, necesariamente, habrá que buscar la manera –con el concurso de la ONU y otros países ‘civilizados’- de que Marruecos cumpla sus obligaciones internacionales y devenga un Estado de derecho, en lugar de continuar en su papel de país colonialista y opresor, impune ante la violación de la legalidad internacional.

España no puede continuar estando sometida a, y dependiente de, los caprichos irredentistas del vecino del sur, apoyado por el vecino del norte. Habrá que trabajar duro y con mucha mano izquierda, sin duda, pero puede hacerse, como se hizo con el durísimo régimen del Apartheid en Sudáfrica o en el caso de Timor Oriental, semejante al del Sáhara Occidental. Es una tarea imperiosa, necesaria y urgente ya en pleno siglo XXI, si queremos caminar hacia un mundo mejor, más justo y en paz, también paz para el pueblo saharaui. Esa es la tarea. Y ahí hay trabajo para todas las personas de bien, de cualquier clase y condición. Así pues, manos a la obra. Para eso existe la Coordinadora Estatal de Asociaciones Solidarias con el Sáhara (CEAS-Sáhara), activa en todo el Estado Español.

Y no solo no se ha hablado de esto en la campaña electoral, sino que todos los partidos de ámbito nacional, excepto Unidas Podemos, y los principales medios de comunicación, lo han silenciado, como si el asunto no existiera y no nos importase. Pues nos importa y mucho. No sólo va en ello la vida y los derechos del pueblo saharaui abandonado por los sucesivos gobiernos de España, sino también la propia dignidad del pueblo español, nuestra exigencia moral de que nuestro país atienda sus obligaciones internacionales y tenga peso y credibilidad en el contexto mundial. Tenemos aquí una excelente oportunidad para dejar oír nuestra voz y hacernos respetar, como lo hizo el Gobierno portugués en el caso similar de Timor Oriental. Y eso, a pesar de las presuntas hipotecas que tanto el Rey emérito, para ceñir su corona, como el expresidente Felipe González, para tocar poder, nos hayan dejado, hipotecas cuyo alcance no conoceremos hasta que se desclasifiquen los documentos hoy ‘secretos’. Es, simplemente, una cuestión pendiente de la Transición, como lo era el traslado de los restos del dictador Francisco Franco.

Parecería increíble, pero el PSOE oficial no sólo traicionó olímpicamente al pueblo saharaui (Mariem Hassan), sino que ahora su nuevo titular, Pedro Sánchez, se ha desentendido del mismo en su programa electoral, ocultando así, una vez más, sus obligaciones y compromisos: ha hecho desaparecer del programa el Sáhara Occidental y el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui, algo que vienen reiterando todas las resoluciones de la ONU, a pesar de los intentos de ir vaciándolas de contenido y deteriorar así la credibilidad de la máxima institución mundial en asuntos de Paz y Seguridad.

Hoy, en España, el único partido de ámbito nacional que defiende la vida y los derechos del pueblo saharaui es Unidas Podemos. En mi opinión, otros partidos cometen un grave error con su silencio sobre esta cuestión (síntoma de que no van a trabajar en ello y de su miedo a los chantajes de Marruecos, el temor a perjudicar sus propios intereses o la ‘gratitud’ por las facilidades y sobornos presuntamente recibidos), pues el Sáhara es un tema transversal que no atiende a sensibilidades políticas, condición social u otros parámetros. Simplemente, es un asunto de conciencia, de ética, de dignidad, de responsabilidad y de honradez, además del imperio de la ley, como recordaban José Vidal-Beneyto, Frank Ruddy, Rodríguez Jiménez, Ahmed Bujari, Ruiz Miguel, Hans Corell, Ahmed Omar, Gimeno Martín, Caro Baroja y tantos otros…

Hay que dejarlo claro: podemos y debemos llevarnos bien con nuestros vecinos; pero a ellos les concierne cumplir sus obligaciones con la legalidad Internacional y descolonizar un territorio ilegalmente invadido y ocupado, lo que constituye un crimen de lesa humanidad.

Poca confianza me dan los partidos que no tocan estas cuestiones. No me gusta que se silencien problemas importantes que nos atañen; y nos atañen en particular a los españoles. Desconfío de aquéllos porque su actitud delata que van a seguir silenciando el tema en los medios de comunicación, haciendo ignorar a la población una parte importante y reciente de la historia de España; porque van a seguir con una política exterior pacata y sometida a los chantajes; y porque van a actuar así también en otros muchos ámbitos de la esfera pública.

Todo eso me da ‘mala espina’. Y por eso (pero no sólo, obviamente) descarto al PSOE. No hace falta remontarse a la connivencia o complacencia de la socialdemocracia con los asesinatos de Karl Liebnecht y Rosa Luxemburg (Joaquín Estefanía). Basta recordar aquello de “mi partido estará con vosotros hasta la victoria final” (Felipe González en 1976). Y ahora, el presidente en funciones y nuevamente candidato a la Presidencia del Gobierno, Pedro Sánchez, quita el Sáhara Occidental y la autodeterminación del pueblo saharaui del programa del PSOE. ¿Acaso para que no se relacione esa expresión con la situación en Cataluña? ¡Pero si ambos casos no tienen nada que ver! El pueblo saharaui tiene reconocido ese derecho, como ya he dicho, desde la Resolución 1514 (1960), pasando por todas las resoluciones posteriores pertinentes de la ONU, la Unión Africana y el Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Nada que ver. Pero ese proceder indica el sendero zigzagueante, mediocre y complaciente por el que habría de caminar después nuestro presidente ‘exclusivo’ del PSOE.

Unidas Podemos tendrá muchos defectos, seguramente. Pero nadie negará que ha nacido ‘de abajo’ (Saramago, Sampedro) y que ha servido de revulsivo nacional, que ha movido muchas cosas, que ha demostrado que “sí se puede” y -en nuestro caso- que pretende ocuparse de la cuestión del Sáhara Occidental y el pueblo saharaui, herencia trágica de nuestra ‘modélica’ Transición.

Podrán ponerle objeciones: que si son chabacanos y deslenguados, que si no tienen experiencia política (que sí tienen ya y que tampoco tenía el PSOE antaño), que si son populistas, sus malos modales, el feísmo en la vestimenta de algunos y cosas así. Pero eso son cuestiones secundarias y hasta meramente externas que -corregibles, si preciso fuere- en absoluto impiden una actuación política correcta y eficaz, deseable y progresista para la mayoría de los trabajadores, pensionistas y personas desprotegidas.

Todos esos ‘defectos’, o los más relevantes, pueden irse corrigiendo, no son lo fundamental, aunque haya que estar vigilantes: esta sociedad es muy ‘liquida’ y manipulable (se vio claramente con el polvo blanco de las famosas ‘armas de destrucción masiva’), y cualquier manipulación mueve el comportamiento de la gente, los votantes o los descontentos. Así que conviene estar atentos, vigilantes, e ir aprendiendo y corrigiendo defectos y maneras. El PSOE tampoco llegó al poder ‘con experiencia’, aunque sí con la traición al pueblo saharaui y a la ciudadanía solidaria, “lo mejor del pueblo español”, según el secretario General del PSOE entonces, Felipe González.

Espero que Unidas Podemos sepa cumplir lo que promete en su programa y pida refuerzos y apoyos para ello, si hacen falta. Y haga también un esfuerzo de mejora permanente, recuperándose de los cansancios, pero sin desmayo. Y, por tanto, que cumpla también con el pueblo saharaui, con la ciudadanía consciente y solidaria, y con la legalidad internacional. Podemos hacerlo y nos va mucho en ello.

No quiere concluir estas líneas sin enviar un mensaje de agradecimiento y rendir un modesto homenaje a cuantos dirigentes políticos y sindicales -y otras muchas personas y organizaciones- han apoyado la justa causa saharaui y contribuyen a su difusión y conocimiento. Son muchos los que han dado lo mejor de sí mismos en un trabajo sórdido y agotador, oscuro y burocrático muchas veces. Y ahí, aunque sea imposible mencionar a todos, es preciso reconocer y subrayar la labor de Izquierda Unida (Gaspar Llamazares, Cayo Lara, Willy Meyer, Paloma López, …) y Comisiones Obreras, personas y organizaciones que siempre estuvieron con el pueblo saharaui, dieron el callo y supieron estar a la altura, como también los cineastas que premiaron los documentales saharauis (Bardem, Longoria), el Comité Sahara de la extinta UPyD con Fernando Maura o el eurodiputado de EQUO Florent Marcellesi, …

Todo ellos y muchos otros anónimos, españoles y de otros muchos países, han contribuido a que el pueblo saharaui sea hoy más fuerte, más firme en la defensa de sus derechos inalienables y -con el esfuerzo de todos- esté más cerca de alcanzar su libertad e independencia.

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de TerceraInformación

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