Francisco González Tejera

Aquella rosa diseminada entre el fuego de agosto

Los perros ladraban desesperados en toda la Montañeta de Tamaraceite, la “Brigada del Amanecer” se subdividió en varios grupos, tenían las direcciones de que cada persona que tenían que llevarse, se escuchaba a los podencos, los ratoneros, otros perros mezclados, los que presentían la maldad de aquel grupo de fascistas que llegaron al pueblo para secuestrar, asesinar, desaparecer para siempre a quienes luchaban por la libertad.
 

El amargo abismo

Caían en la Marfea masivamente, cientos de hombres, algunas mujeres, luchadoras, luchadores antifascistas, anarquistas, comunistas, socialistas, personas que defendían a la clase trabajadora, la democracia, la legitimidad constitucional.
 
El abismo era el lugar desde la noche del domingo 19 de julio del 36, la corriente arrastraba los sacos con los cuerpos dentro y las piedras que casi nunca eran suficientes para que se quedaran pegados al revuelto fondo marino, no era suficiente el peso, el mar arrastraba los cuerpos ahogados hacia dentro.

La deriva del genocicio

Abrazada a su niña esperaba la ejecución del desahucio, la nevera vacía. Hacía dos días que Lucía no desayunaba para dejarle la mantequilla caducada y el pan duro a Valentina, su hija de solo dos años. Afuera se escuchaba el bullicio de los policías, los agentes judiciales y el cerrajero que destrozaría la puerta para echarlas a la calle.
 

Tributo de sal

Lo primero que hicieron los falangistas fue arrancarle el niño de los brazos a María Pilar Carreño, Tomasito no dejaba de llorar, su madre gritaba que por favor se lo dejaran, que la tiraran a la Marfea con su bebé, en el mismo saco, con las mismas piedras, atado con las mismas sogas de pitera, que los dejaran ahogarse juntos, abrazados en las frías aguas del Atlántico.
 

El voto que mata

Un pueblo que no aprende a reconocer a sus enemigos está condenado a sobrevivir para siempre en la miseria, el hambre y la muerte. La victoria del PP en las elecciones del 26J solo se puede entender desde el pucherazo, de lo cual son capaces con un ministro metido hasta el cuello en la mierda de las escuchas y los espionajes, seguramente desde la supina ignorancia de una ciudadanía entregada, arrodillada, a cuatro patas ante un partido infectado de corrupción hasta la médula.
 

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