Bangladesh: Un viernes de furia

07/07/2016
/ Foto: Telesur

Apenas 20 días atrás habíamos puesto el foco en el aumento de la actividad de las organizaciones vinculadas al fundamentalismo islámico en Bangladesh (Bangladesh, algunas notas desafinadas), donde desde el 2013 distintas organizaciones wahabitas se adjudicaron las ejecuciones selectivas que se acercan a la cincuenta víctimas, particularmente periodistas, escritores y blogueros, miembros de minorías religiosas, dirigentes de la comunidad gay o críticos del integrismo musulmán.

 Este tipo de ataques se intensificaron en los últimos meses, por lo que la Policía comenzó una serie de redadas, que produjeron a la detención de cerca de cinco mil militantes salafistas.

La Primera Ministra, Sheij Hasina, desde 2010, había ordenado la persecución de organizaciones salafistas, en su mayoría formadas en 1971 en apoyo del Ejército paquistaní durante la guerra de la independencia.

Ya son dos los tribunales dedicados a castigar este tipo de actividades que en los últimos cinco años han condenado a la pena de muerte a más de 20 líderes del partido religioso Jamaat-e-Islami (JI), de fuerte presencia en todo el sudeste asiático.  

Varias decenas de cuadros menores de la organización están condenados a cadena perpetua y otras penas.

 El 12 de agosto de 2013 fue arrestado el líder de Ansarullah Bangla Team (ABT), el mufti Jasimuddin Rahmani, junto a otros treinta miembros en la zila Barguna (distrito al sudoeste de Bangladesh) por incitar a la yihad a los fieles de varias mezquitas.

Por eso no sorprendió demasiado cuando se supo que este último Yumu’ah, nada menos que el día santo y en pleno Ramadán, el mes sagrado del islam, y cuando prácticamente no se habían terminado de contar la cincuentena de muertos por el atentado al Aeropuerto de Estambul, un grupo bangladesí vinculado a Estado Islámico, decidió acaparar para si la atención mundial.

Siete hombres al grito de Alàhu akbar (Dios es grande) armados con pistolas, machetes y explosivos de fabricación casera, ingresaron la cafetería Holey Artisan Bakery y el restaurante O’Kitchen, en el “elegante” barrio de Glushan, cerca de las 20h45 (hora local) tomando a clientes y personal de rehenes. Hay que tener en cuenta que por la hora y el lugar del ataque, en pleno trascurso de Ramadán, muchas familias se encontraban en las calles, por lo que el atentado podría haberse convertido en una masacre todavía mayor.

Tras la irrupción, los milicianos separaron a los bangladesís de los extranjeros, liberando a aquellos que pudieran recitar versículos de alguna sura del Corán.

En el barrio de Glushan, donde coexisten numerosas misiones diplomáticas y complejos residenciales, en los que viven extranjeros y bangladesís de altos ingresos, la seguridad y los controles policiales son de los más exhaustivos de la capital. Mucho más a partir del 28 de septiembre del año pasado, cuando a pocas calles de la cafetería Holey Artisan Bakery, fue asesinado el cooperante italiano Cesare Tavella, que acababa de llegar al país para sumarse a la ONG holandesa ICCO. Mientras corría por las calles del barrio, fue atacado por tres personas, que escaparon en una motocicleta, sin que se pueda saber mucho más aunque el atentado fue revindicado por Ansarullah Bangla Team.

El ataque del viernes es el más mortífero cometido por alguna de las organizaciones takfiristas que operan en el país. Rápidamente la agencia noticiosa Amaq, vinculada al Estado Islámico, le adjudicó a los califados de Ibrahim la autoría de la toma y las posteriores ejecuciones.

Cerca de las 05h00 de la madrugada, las fuerzas de seguridad comenzaron a despejar la zona de periodistas, familiares de los rehenes y curiosos que se habían acercado al lugar, mientras el Batallón de Acción Rápida (RAB) terminaba de preparar la operación Thunderbolt que se inició cerca de las 07h40 de la mañana, con el fin de liberar a los rehenes.

Finalmente la operación dejó el saldo de veinte de los rehenes muertos, la mayoría fueron ejecutados con hachas y cuchillos (nueve italianos, siete japoneses, un estadounidense, una joven estudiante india y dos bangladesís que estudian en universidades de Estados Unidos), y trece rehenes fueron liberados, mientras dos policías y seis atacantes murieron, mientras uno de los atacantes fue detenido.

 

Un campo propicio

Con el recrudecimiento de la actividad de los grupos salafistas que operan en el país, era casi esperable una acción de estas proporciones desde que se incrementó la lucha armada en países musulmanes a partir del 2011 (Siria, Irak y Libia). La brecha en el interior de la comunidad musulmana de Bangladesh, históricamente muy respetuosa de las minorías religiosas, entre fundamentalista y moderados se ha profundizado.

De los 160 millones de bangladesís el 90% es musulmán, en su enorme mayoría son sunitas, por lo que este país se convierte en el cuarto más importante respecto a la cantidad de fieles, después de Indonesia, India y Pakistán.

Son varias las organizaciones salafistas que se han desarrolla en Bangladesh como Jamaatul Muyaidín Bangladesh (JMB), Harkat-ul-Yihad-al Islami (HuJI), Hizb ut-Tahrir (HT), pero es Ansarullah Bangla Team (ABT) la que se considera más cercana al Estado Islámico, que reapareció en 2013, aunque su creación data de 2007 con el nombre de Jama'atul Muslemin. En mayo de 2015, el ABT, había sido declarado “terrorista” por el Ministerio del Interior. Si bien no hay precisiones, miembros de ABT, podrían ser los responsables del ataque del último viernes.

Llama la atención que la célula que ocupó la cafetería Holey Artisan Bakery, si en realidad fuera de Estado Islámico, se haya demorado tantas horas en resolver la cuestión, ya que en este tipo de operaciones no hay negociaciones posibles y su metodología es terminar con los rehenes y sus propias vidas en el momento que más daño puedan causar. Teniendo en cuenta esta situación, podría especularse con que alguna fase complementaría del plan original no se haya podido ejecutar y la demora haya sido solo en espera de que esta se llevara a cabo.

Bangladesh, es un país ideal para que organizaciones como Estado Islámico o al-Qaeda puedan tener un gran desarrollo, más allá de contar con una absoluta mayoría musulmana,  el 50% de su población es menor de 25 años, y aunque las tasas de desempleo se ubican entre un 6% y un 7%, los niveles de explotación y precarización  laboral son indignantes.

La enorme mayoría de los trabajadores carecen de seguridad social y cuentan con sueldos paupérrimos, lo que hace que más de un tercio de la población viva bajo el umbral de la pobreza.

La sobreexplotación laboral de las grandes marcas occidentales ha convertido a Bangladesh en la segunda potencia exportadora de ropa del mundo, detrás de China y casi con exclusividad para los mercados de Estados Unidos y Europa.

Millones de trabajadores, en especial mujeres y niños, son sometidos a jornadas laborales que sobrepasan las 16 horas diarias. El sector textil representa cerca del 80% de las exportaciones del país que representa el 17% de todo su Producto Interior Bruto (PIB).

La desprotección laboral, que sufren los trabajadores bangladesíes quedó expuesta en abril de 2013, tras el derrumbe del edificio Plaza Rana Savar, en Dhaka, que albergaba cinco talleres textiles y terminó con la vida de por lo menos 1200 personas y dejó 2250 heridos. Jamás habían sido escuchadas las denuncias de los trabajadores que avisaban de una serie de grietas que se habían abierto en el edificio el día anterior. La mayoría de las víctimas no alcanzaban a cobrar 30 dólares al mes confeccionando ropa para marcas occidentales.

Son estos los motivos los que empujan a incrementar el número de refugiados hacia Europa, después de Siria, Irak Afganistán, Pakistán, Eritrea y Somalia, aparece Bangladesh en la lista de los países expulsores de migrantes.

Atento a la realidad social del pequeño país asiático, fue que en septiembre de 2014 Ayman al-Zawahiri, jefe de al-Qaeda global, haya anunciado la creación de una rama de la organización en el Subcontinente Indio para “levantar la bandera de la yihad” a lo largo del Sur de Asia. En esa misma declaración al-Zawahiri había puesto a Bangladesh en la mira de sus objetivos, mientras se sabe que hombres enviados por el Califa Ibrahim, líder de Estado Islámico, han establecido contactos con salafistas locales, lo que habría sido rubricado en la Holey Artisan Bakery este último viernes.

* Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC

 

 

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de TerceraInformación

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