¿Superaremos la polarización de 2017?

“Divide y vencerás”
 
El 2 de octubre pasado arrancó la lucha por la presidencia de la república en Colombia. Se definirá en 2018. Dos bloques se enfrentaron en el plebiscito. Hay muchas lecturas pero un único resultado.
 
Santos y Uribe aspiran a que ese pulso se mantenga. Supuestamente, entre la paz y la guerra. Lo mismo quieren los titiriteros que manejan los hilos detrás del telón. Poderosos grupos económicos e intereses ocultos jugaron simultáneamente en los dos bloques. “Van a la fija”, diría un observador cualquiera.
 
Tal aspiración consiste en mantener la polarización en torno a la forma como se termina el conflicto armado entre el Estado y las guerrillas. El gobierno trata de agrandar los logros de la paz; Uribe, intentará crecer artificialmente a las FARC. El terreno es el mismo; quien juegue allí, lo hará bajo sus reglas.
 
Quienes aprovechan políticamente esa tensión buscan atraer a otras fuerzas para su causa particular. Uno, atrae a Vargas Lleras con su Cambio Radical hacia la extrema derecha. El otro, quiere mantener a su lado a los demócratas, incluida a la “izquierda”, sin cambios de ningún tipo. Ofrecer la vicepresidencia será la carta (cebo) que ya les ha funcionado (Angelino). Es su apuesta para aderezar la fórmula “reformista”.  
 
A quienes viven de y promueven la confusión, no les interesa el resultado final. La polarización política es su gran inversión y su cobertura. Su interés es impedir que los temas fundamentales se coloquen en el centro del debate político. Nada que tenga que ver con democracia, economía, lo social y la cultura.
 
En el año 2017 se definirá ese pulso. Es algo paradójico: la consolidación de la paz depende que el tema político vaya más allá de la implementación de los acuerdos. Allí estará el quid del asunto.
 
El uribismo quiere limitar los debates a la minucia relacionada con la desmovilización y la entrega de armas. Su objetivo es re-potenciar la “amenaza castro-chavista” que el 2 de octubre se desdibujó en el imaginario colectivo. El avance del proceso –si se hace bien– diluirá esa figura siniestra que fue utilizada para generar miedo. Es determinante no hacerles el juego. El triunfalismo fariano debe aflojar.
 
Todo dependerá de los demócratas y de las fuerzas sanas de la nación. Su tarea inmediata es impedir que la polarización continúe distrayendo a los colombianos. Su labor fundamental es desencadenar un movimiento democrático que hasta ahora ha sido saboteado por las fuerzas retardatarias con esa trampa.
 
Esas fuerzas retardatarias actúan en una doble instancia. Unas posan de “reformistas” pero no reforman nada (más allá de normas en el papel). Las otras se dicen “defensoras” de la moral, la tradición, la familia y la propiedad, pero su característica principal es la inmoralidad y el crimen. Ellas, a veces, se entrelazan.
 
En el fondo ambos sectores coinciden “en lo fundamental”: impedir el desarrollo de la democracia y conservar su Poder. La esencia de su práctica y acción política es mantener la dominación capitalista, colonial, patriarcal, racista, clasista, corrupta, clientelista y discriminatoria. Es su doble juego.
 
La oligarquía colombiana ha jugado a lo mismo desde las épocas de la conquista. El policía bueno y el malo. Y, se han turnado. Desde la resistencia de La Gaitana y Calarcá, desde la rebelión de Benkos Biohó, desde los alzamientos Wayuu y Nasa y desde la Revolución Comunera de Galán, aprendieron a la perfección a combinar la zanahoria y el garrote. Y siguen haciéndolo cada vez mejor.
 
Algo que les ayuda, y mucho, es el espíritu cortesano que se construyó entre los sectores subalternos. Las élites en el poder aprendieron a provocar alzamientos armados, parciales y controlados, que dejaban prosperar a voluntad para identificar y desaparecer a enemigos camuflados. Lo han hecho y repetido a lo largo de la historia. La falsa polarización ha sido su principal instrumento. Y lo intentarán una vez más.
 
Sin embargo, lo que mostró el 2 de octubre va en sentido contrario. La polarización fue derrotada. Todo dependerá de la capacidad y actitud de los demócratas. Si se construye una “Tercería” y maneja con visión de mediano plazo, se ayudará a que por fin Colombia supere la trampa ideada por las castas dominantes durante siglos. 
 
Y, así, la democracia asomará su rostro esperanzador. ¿Podremos hacerlo?
 
 

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado      

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de TerceraInformación

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